Es curioso. Hay días en que uno teme el avance aún mayor de la mirada racionalista en extremo del mundo, que ha sobrepasado sus límites y parece estar destruyéndolo. Días en los que las declaraciones contundentes de los cientifistas del trono, de los sacerdotes de la bata blanca, parecen indicar que su reino avanzará hasta devorarlo todo (como ellos parecen querer, por cómo claman).
Otros días, en cambio, parece que se avanza en el sentido contrario.
Sea como sea, siempre es interesante ver cómo nos acercamos, de una manera más o menos académica, a las ideas expresadas hace muchas décadas por grandes pensadores, como Jean Gebser o Rudolf Steiner (y otros). Ideas en las que ya podríamos estar viviendo desde hace mucho si no nos obcecáramos en vivir en nuestra caseta de prejuicios, incluso apuntalándolos. Seguimos confirmando cada cosa que han apuntado los seres humanos de mirada más alta y espiritual, pero aún rechazamos todas aquéllas que no han pasado por la mirada del microscopio de la tosca ciencia establecida. Porque para investigar lo que no es materia, es una mirada tosca.
Allá cada cuál... Esta entrada sólo pretende una pequeñita reflexión, la de arriba, para presentar un artículo interesante que hoy me he encontrado.
A leer.
viernes, 20 de diciembre de 2013
miércoles, 4 de diciembre de 2013
Poesía como Arte.
Precioso, cortito, pero hondo, muy hondo, el artículo de Natalia Carbajosa. Podría referirse solamente a la poesía como "disciplina literaria", pero cuando se entiende la poesía como arte, y el arte como algo más elevado, como método de captar y método de investigar, la mirada cambia.
"Lo que singulariza a estos autores, según mi criterio de lectora, es su capacidad para hacer del lenguaje, en primer lugar, lenguaje, y no otra cosa; para hacernos caer en la cuenta de que las palabras tienen peso, volumen, sonido. Y solo cuando esa delicada operación se ha realizado con éxito, esto es, cuando en lugar de invitarnos a pasar fugazmente por las palabras como si fueran transparentes, nos obligan a detenernos un rato largo sobre ellas, solo entonces detona el pensamiento que contienen con un vigor inesperado que se nos antoja nuevo y antiguo a la vez. Sostenemos entonces las palabras en el cuenco de las manos como quien acabara de descubrir un tesoro y lo mantiene así, tembloroso y precario, en medio de la nada." Natalia Carbajosa
Un botón de muestra:
A disfrutar:
http://www.jotdown.es/2013/11/poesia-lenguaje-pensamiento-poetas-y-no-poetas/
"Lo que singulariza a estos autores, según mi criterio de lectora, es su capacidad para hacer del lenguaje, en primer lugar, lenguaje, y no otra cosa; para hacernos caer en la cuenta de que las palabras tienen peso, volumen, sonido. Y solo cuando esa delicada operación se ha realizado con éxito, esto es, cuando en lugar de invitarnos a pasar fugazmente por las palabras como si fueran transparentes, nos obligan a detenernos un rato largo sobre ellas, solo entonces detona el pensamiento que contienen con un vigor inesperado que se nos antoja nuevo y antiguo a la vez. Sostenemos entonces las palabras en el cuenco de las manos como quien acabara de descubrir un tesoro y lo mantiene así, tembloroso y precario, en medio de la nada." Natalia Carbajosa
Un botón de muestra:
"Yo,
que no desconozco los grandes temas del siglo, y estoy atento a eso que
llaman la coyuntura histórica, y acepto la gran patética de mi tiempo y
quiero ayudar, en lo que me sea posible y aún bastante más, al hombre
de estos días, tantas veces puesto en el filo de la navaja, no me dejo
asustar por los profesionales de la angustia, y busco en la gran
peripecia humana, tantas veces mágica aventura, tantas veces sueños
espléndidos y mitos trágicos, la razón de continuar." Álvaro Cunqueiro (1911-1981).
A disfrutar:
http://www.jotdown.es/2013/11/poesia-lenguaje-pensamiento-poetas-y-no-poetas/
martes, 12 de noviembre de 2013
Steven Wilson como banda sonora del otoño
Retomo este entorno del bosque desde el que plasmar algunas ideas. Esta vez la pausa ha tenido tintes totalmente prácticos, y cuando uno siente que hace lo que debe no se arrepiente de dejar de lado otras cosas.
El pasado viernes, 8 de noviembre, tuve el inmenso placer de asistir al concierto de Steven Wilson en el Hotel Auditorium de Madrid. Presentaba su último trabajo en solitario (que es quizá lo mejor que ha hecho en su carrera total). El concierto fue bordado y cuidado al detalle, y como tal resultó en todos los sentidos: luces, sonido, ejecución, emotividad, respuesta del público... perfecto en todos los sentidos. Literalmente.
Como suele suceder, ya se ha escrito bastante sobre el concierto, en tono más o menos ajustado; por ejemplo, en esta crítica, o en los comentarios a la misma, que de hecho la mejoran (maravillas de internet), y de los que he tomado prestada la imagen de esta entrada. La foto, por cierto, que de un modo artístico mejor transmite la sensación en que uno se sumergía durante todo el concierto; la misma sensación que uno recibe mirando la imagen es la que se vivía en la escucha en directo. Someramente diré que fueron casi tres horas (veinte minutos de vídeo proyectado previo, incluidos) de concierto, con unos músicos de primerísimo nivel y una coordinadión entre ellos maravillosa.
Ese tipo de conciertos que genera algunos debates:
- ¿Escuchar rock (progresivo, eso sí) sentado en una butaca de un auditorio?
- ¿Un concierto de rock medido al milímetro y con poco espacio a la improvisación musical? O ¿está bien que un concierto de rock sea perfecto, como hemos dicho arriba?
- ¿Es buena música aquella que presenta constantemente elementos de otros autores, en este caso los Padres Fundadores del Progresivo, reutilizados?
Personalmente, puedo entender las críticas desde la gente que ya tiene una idea preconcebida de lo que es y DEBE SER un concierto de rock, lo que DEBE SER un grupo bueno y original, etc. Pero yo me planteo la validez de esas críticas cuando el concierto, en su totalidad audiovisual se ajusta a la perfección a ser disfrutada desde una butaca. Y aquí incluyo el tipo de música y las emociones que transmite. Y lo mismo planteo cuando los temas de este grupo (de este proyecto en solitario) son Música, con mayúscula. No son clichés reutilizados, son Música que emplea elementos ya usados, ya conocidos, pero en una nueva expresión con calidad. Ciertamente, deja esos elementos en su elemento original (no usa, por ejemplo, castañuelas en el rock progresivo, lo que sería transformarlas; sino el melotrón como melotrón), pero no tengo claro que eso sea negativo, cuando está bien hecho.
Un detalle más. En muchos momentos del concierto me sorprendía elevado del suelo, fuera de mí. En una nube soñadora en medio de ese sonido. Algo extraordinario, algo meritorio, algo poco común... que no me acabó de agradar. Música que a uno lo saca de sí... invita a la reflexión.
En fin, no me ha quedado una entrada muy allá... pero sólo quería volver a escribir aquí.
El pasado viernes, 8 de noviembre, tuve el inmenso placer de asistir al concierto de Steven Wilson en el Hotel Auditorium de Madrid. Presentaba su último trabajo en solitario (que es quizá lo mejor que ha hecho en su carrera total). El concierto fue bordado y cuidado al detalle, y como tal resultó en todos los sentidos: luces, sonido, ejecución, emotividad, respuesta del público... perfecto en todos los sentidos. Literalmente.
Como suele suceder, ya se ha escrito bastante sobre el concierto, en tono más o menos ajustado; por ejemplo, en esta crítica, o en los comentarios a la misma, que de hecho la mejoran (maravillas de internet), y de los que he tomado prestada la imagen de esta entrada. La foto, por cierto, que de un modo artístico mejor transmite la sensación en que uno se sumergía durante todo el concierto; la misma sensación que uno recibe mirando la imagen es la que se vivía en la escucha en directo. Someramente diré que fueron casi tres horas (veinte minutos de vídeo proyectado previo, incluidos) de concierto, con unos músicos de primerísimo nivel y una coordinadión entre ellos maravillosa.
Ese tipo de conciertos que genera algunos debates:
- ¿Escuchar rock (progresivo, eso sí) sentado en una butaca de un auditorio?
- ¿Un concierto de rock medido al milímetro y con poco espacio a la improvisación musical? O ¿está bien que un concierto de rock sea perfecto, como hemos dicho arriba?
- ¿Es buena música aquella que presenta constantemente elementos de otros autores, en este caso los Padres Fundadores del Progresivo, reutilizados?
Personalmente, puedo entender las críticas desde la gente que ya tiene una idea preconcebida de lo que es y DEBE SER un concierto de rock, lo que DEBE SER un grupo bueno y original, etc. Pero yo me planteo la validez de esas críticas cuando el concierto, en su totalidad audiovisual se ajusta a la perfección a ser disfrutada desde una butaca. Y aquí incluyo el tipo de música y las emociones que transmite. Y lo mismo planteo cuando los temas de este grupo (de este proyecto en solitario) son Música, con mayúscula. No son clichés reutilizados, son Música que emplea elementos ya usados, ya conocidos, pero en una nueva expresión con calidad. Ciertamente, deja esos elementos en su elemento original (no usa, por ejemplo, castañuelas en el rock progresivo, lo que sería transformarlas; sino el melotrón como melotrón), pero no tengo claro que eso sea negativo, cuando está bien hecho.
Un detalle más. En muchos momentos del concierto me sorprendía elevado del suelo, fuera de mí. En una nube soñadora en medio de ese sonido. Algo extraordinario, algo meritorio, algo poco común... que no me acabó de agradar. Música que a uno lo saca de sí... invita a la reflexión.
En fin, no me ha quedado una entrada muy allá... pero sólo quería volver a escribir aquí.
martes, 4 de junio de 2013
Que nada me arrebate el mundo verdadero
Así, pues,
he decidido
no perder el tiempo
y pasar mi vida
en su aurora,
abrir el único
libro
verdadero:
mi oído para el canto
del pájaro o la lluvia,
mi piel para la brisa
viajera,
mis ojos para el color
que se desprende
del mundo.
Que yo no me distraiga,
que no cante
si no es con lo que canta,
que mi alma
no se desnude
si no hay silencio.
Que nada me arrebate
el mundo verdadero.
José Ramón Blanco.
he decidido
no perder el tiempo
y pasar mi vida
en su aurora,
abrir el único
libro
verdadero:
mi oído para el canto
del pájaro o la lluvia,
mi piel para la brisa
viajera,
mis ojos para el color
que se desprende
del mundo.
Que yo no me distraiga,
que no cante
si no es con lo que canta,
que mi alma
no se desnude
si no hay silencio.
Que nada me arrebate
el mundo verdadero.
José Ramón Blanco.
viernes, 17 de mayo de 2013
Sueños sombríos. Pesadumbre que impregna los recovecos del alma, incluso los soleados. El ánimo umbrío, irritable, como si una amenaza, lejana pero inminente, cubriera la vida como un oscuro manto. Así días y días, así las dos últimas semanas en Madrid.
Sacude la cabeza, afina la percepción del sentir, se eleva sobre lo inmedito. Logra separar, por un lado, el estado anímico; por otro, las circunstancias personales de su vida y de su entorno, que rápidamente ha mezclado, fijado, pegado a su estado. Así, le queda el estado anímico en sí, se centra en él y lo ve con mayor claridad, sintiéndolo y pensándolo, sin asociaciones gratuitas preconcebidas. Se sorprende, ¿y sí...?
Mira alrededor, dedica casi toda su atención diaria a observar los ambientes, sobre todo los de convivencia de personas; descubre las mismas cualidades que le apesadumbraban, ahora fuera, presentes en el aire, en el ambiente. Puede ir mirando a las personas, una a una, y va descubriendo, matices personales aparte, estados y emociones comunes, idénticas entre sí e idénticas a las suyas. Empieza a percibir, despacio, sin proponérselo, una corriente subyacente e invisible, que ha ido impregnando una ciudad entera y quién sabe cuántos lugares más, en las últimas dos semanas. Es externa, en cierto sentido. Es interna, en otro sentido. Pero en ningún sentido es propia 'per se', sólo que quien no la percibe la ha hecho propia.
Mira el clima. La extraña primavera fría y desapacible tiene algo que ver, pero no es la causa. Recuerda algunas obras fantásticas, como El Señor de los Anillos. Las tropas de Mordor vienen con nubes y tormenta, pero las nubes y la tormenta no son lo dañino. Hay tormentas y días nublados maravillosos, pero sin tropas oscuras amenazantes. No es el caso.
No entiende nada, tiene la sensación de haber mirado un poco, tímidamente, a través de un velo. Tras la incertidumbre y la desorientación iniciales, decide actuar. Será un pequeño Sol en medio de la tormenta; en la medida que pueda, iluminará a su alrededor, más allá de esa corriente sombría. Ahora que la percibe (y la percibe cada vez que se concentra en ello, sintiéndolo), puede percibir la parte ajena que trae, separarse de ella y elevarse. Quizá así ayude a que esa extraña corriente no arrastre a la gente que el rodea, al menos un poco. No se cree mejor, ni superior al resto; quizá afortunado. Poner lo que ha percibido en su voluntad, al servicio del resto, en silencio, le otorga fuerzas nunca sospechadas. Mucho menos, sospechadas en aquellos días de pesadumbre individual.
Sacude la cabeza, afina la percepción del sentir, se eleva sobre lo inmedito. Logra separar, por un lado, el estado anímico; por otro, las circunstancias personales de su vida y de su entorno, que rápidamente ha mezclado, fijado, pegado a su estado. Así, le queda el estado anímico en sí, se centra en él y lo ve con mayor claridad, sintiéndolo y pensándolo, sin asociaciones gratuitas preconcebidas. Se sorprende, ¿y sí...?
Mira alrededor, dedica casi toda su atención diaria a observar los ambientes, sobre todo los de convivencia de personas; descubre las mismas cualidades que le apesadumbraban, ahora fuera, presentes en el aire, en el ambiente. Puede ir mirando a las personas, una a una, y va descubriendo, matices personales aparte, estados y emociones comunes, idénticas entre sí e idénticas a las suyas. Empieza a percibir, despacio, sin proponérselo, una corriente subyacente e invisible, que ha ido impregnando una ciudad entera y quién sabe cuántos lugares más, en las últimas dos semanas. Es externa, en cierto sentido. Es interna, en otro sentido. Pero en ningún sentido es propia 'per se', sólo que quien no la percibe la ha hecho propia.
Mira el clima. La extraña primavera fría y desapacible tiene algo que ver, pero no es la causa. Recuerda algunas obras fantásticas, como El Señor de los Anillos. Las tropas de Mordor vienen con nubes y tormenta, pero las nubes y la tormenta no son lo dañino. Hay tormentas y días nublados maravillosos, pero sin tropas oscuras amenazantes. No es el caso.
No entiende nada, tiene la sensación de haber mirado un poco, tímidamente, a través de un velo. Tras la incertidumbre y la desorientación iniciales, decide actuar. Será un pequeño Sol en medio de la tormenta; en la medida que pueda, iluminará a su alrededor, más allá de esa corriente sombría. Ahora que la percibe (y la percibe cada vez que se concentra en ello, sintiéndolo), puede percibir la parte ajena que trae, separarse de ella y elevarse. Quizá así ayude a que esa extraña corriente no arrastre a la gente que el rodea, al menos un poco. No se cree mejor, ni superior al resto; quizá afortunado. Poner lo que ha percibido en su voluntad, al servicio del resto, en silencio, le otorga fuerzas nunca sospechadas. Mucho menos, sospechadas en aquellos días de pesadumbre individual.
sábado, 4 de mayo de 2013
Un fragmento de Un Fragmento de Vida
Estaban casi dormidos, cuando Mary dijo, de pronto:
- ¿No te parece raro, Edward? Anoche tú me dijiste unas cosas tan bonitas, y yo hoy en cambio te he contado las tristes aventuras de ese pobre viejo.
- No sé -contestó Edward como entre sueños-. En los muros de la iglesia grande del cerro vi toda clase de monstruos con extrañas muecas, tallados en la piedra.
Arthur Machen. 'Un fragmento de vida'.
- ¿No te parece raro, Edward? Anoche tú me dijiste unas cosas tan bonitas, y yo hoy en cambio te he contado las tristes aventuras de ese pobre viejo.
- No sé -contestó Edward como entre sueños-. En los muros de la iglesia grande del cerro vi toda clase de monstruos con extrañas muecas, tallados en la piedra.
Arthur Machen. 'Un fragmento de vida'.
martes, 23 de abril de 2013
La Imaginación de Patrick Harpur
Cuando era un niño me ponía muy contento cuando mis padres compraban un nuevo electrodoméstico (televisión, frigorífico, etc.): tenía a mi disposición (compartida con mi hermano) una enorme caja de cartón vacía, en la que cabía entero, o casi. Los días que duraba sin romperse (pocos, por desgracia) eran una epopeya gigantesca, donde la caja era mil cosas (cien tipos de barco, cien tipos de castillo, cien tipos de vehículo, cien naves espaciales...). Bendita imaginación. Cuando uno es niño, la imaginación y la fantasía parecen indivisibles, a mi parecer. Cuando uno crece, se van diferenciando.
Estos días estoy disfrutando de forma parecida a la descrita con el libro de Patrick Harpur 'El fuego secreto de los filósofos', editorial Atalanta (claro). Es una historia de la imaginación, y está diferenciada aquí de la mera fantasía. Para entender la diferencia, disfrutar como un enano en una caja grande, y para muchas cosas más, mejor leerlo. Como casi siempre, no es que suscriba todo lo que dice ahí, porque discrepancias hay, pero... en serio, qué más da.
Estaba yo pensando si comprarme su anterior obra 'Realiad daimónica', también en Atalanta; cuando veo que esta misma preciosista editorial ha publicado un nuevo libro suyo: 'La tradición oculta del alma'. Así que ya no sé si leer el anterior o el siguiente al que tengo, que ya estoy acabando. ¿Al pasado o al futuro? Qué curioso, como pensaría quien lo haya leído.
Me encanta su reivindicación de los Románticos, cómo sabe presentarlos con toda dignidad y sin distorsionar el trasfondo base que compartían.
Estos días estoy disfrutando de forma parecida a la descrita con el libro de Patrick Harpur 'El fuego secreto de los filósofos', editorial Atalanta (claro). Es una historia de la imaginación, y está diferenciada aquí de la mera fantasía. Para entender la diferencia, disfrutar como un enano en una caja grande, y para muchas cosas más, mejor leerlo. Como casi siempre, no es que suscriba todo lo que dice ahí, porque discrepancias hay, pero... en serio, qué más da.
Estaba yo pensando si comprarme su anterior obra 'Realiad daimónica', también en Atalanta; cuando veo que esta misma preciosista editorial ha publicado un nuevo libro suyo: 'La tradición oculta del alma'. Así que ya no sé si leer el anterior o el siguiente al que tengo, que ya estoy acabando. ¿Al pasado o al futuro? Qué curioso, como pensaría quien lo haya leído.
Me encanta su reivindicación de los Románticos, cómo sabe presentarlos con toda dignidad y sin distorsionar el trasfondo base que compartían.
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