O sea, que no se ha vuelto a hacer música como aquélla, que ya los grupos sacan discos mediocres, descafeinados y faltos de originalidad y empuje.
Echemos un ojo, por ejemplo (y es sólo un ejemplo, en cualquier estilo encontramos casos similares) al panorama del rock progresivo, y es que si hay un género musical en el que la década de los años setenta del pasado siglo fue Gloria Bendita, ése es el género del rock progresivo. Y sí, no diré yo lo contrario; pero es que mira, mira; mira lo que ha estado saliendo estos meses:
Bigelf- Into the Maelstrom (2014).
Anathema- Distant Satellites (2014).
Opeth- Pale Communion (2014).
Motorpsycho- Behind the Sun (2014).
Leprous- Coal (2013).
Amplifier- Echo Street (2013).
Por supuesto, una lista a vuelapluma, sin indagar en muchos otros grupos interesantísimos, que los amantes del género dominan (en las páginas enlazadas puede echarse un ojo, o mil). Y sin hablar de las promesas de algo nuevo de clásicos (Pink Flyd, King Crimson...).
¡Esto está de vicio, no seamos cascarrabias!
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viernes, 5 de septiembre de 2014
jueves, 12 de junio de 2014
Hoy sonreímos (3)
Una razón para afirmar rotundamente que ha merecido pisar la Tierra estos años, queden los que queden: descubrir y escuchar y escuchar y escuchar, una y otra vez, Blackwater Park, de Opeth. Indescriptible, y con ese pedazo de monolito que cierra el disco, canción con el mismo nombre que el disco.
Se me disculpe, pero tenía que elegir un disco; conste que esto no resta ni un ápice al resto de sus sublumes obras maestras.
Se me disculpe, pero tenía que elegir un disco; conste que esto no resta ni un ápice al resto de sus sublumes obras maestras.
martes, 3 de junio de 2014
Hoy sonreímos (1)
Hoy toca sonreír, porque hemos descubierto (tarde, lo sé) a Tangerine Dream. Su sonido, sus texturas, su profundidad, a veces disfrazada de superficialidad. Qué de discos, y qué buenos, y cuán diferentes. ¡Qué bien!
Esta es la primera entrada de una serie de miniaturas que pretenden ir desgranando algunas de las innumerables razones para sonreir que existen, ahí, al alcance de cualquiera. Desde mi perspectiva, sí, ¡faltaría más!
Esta es la primera entrada de una serie de miniaturas que pretenden ir desgranando algunas de las innumerables razones para sonreir que existen, ahí, al alcance de cualquiera. Desde mi perspectiva, sí, ¡faltaría más!
miércoles, 8 de enero de 2014
Una pincelada carmesí
Por mucho que a uno le entusiasme un grupo de música como King Crimson, por mucho que uno pueda saber o de su proceloso universo, ¿cómo escribir acerca de un grupo así? Es algo que ocurre con muchos otros artistas, ¿cómo contar lo que son para mí, lo que me transmiten, la importancia que han podido tener en la historia (del rock, en este caso); cómo dirigirse a quien no sabe nada del grupo e intentar explicar... el qué, exactamente? La opción enciclopédica de su trayectoria y obras se muestra indigesta, aparte de que ya abunda en muchas webs y libros; la opción de intentar sintetizar su música empleando imágenes y expresiones de carácter poético suele acabar en insatisfacción, sobre todo ante un grupo tan grande y variado. Así que vamos a intentar otra opción, la de narrar entre líneas, con un par de pinceladas sobre alguna canción concreta, a modo de ejemplo. Estos ejemplos además serán periféricos en su música: ni los mejores temas, ni análisis a fondo de ellos, pero así precisamente emergerá la magia de este grupo, y sus posibilidades. Y con eso en la cabeza, podremos escuchar más canciones y discos suyos, y no nos perderemos. Además, esto viene a ser como cuando quieres recomendar un poeta a alguien y le pones un poema como ejemplo: hay cien más, y seguramente de todos los pelajes y colores posibles. Así es en el caso del Rey Carmesí. King Crimson, que como el Guadiana, vuelve a la actualidad sin realmente haberse extinguido nunca su llama desde su primer disco de 1969.
Podemos empezar con un tema ajeno, Héroes, del gran David Bowie (que conoció a la que fue su mujer en un concierto de King Crimson). Este tema, como todo el disco en el que se insertó, está compuesto al alimón entre Bowie y Brian Eno (el compositor del sonido que más ha acompañado a la humanidad occidental cada día en su trabajo: el sonido de inicio de Windows 95). Pero esa guitarra que persiste en toda la canción, esa maravilla de guitarra que lleva en volandas, suavemente desde atrás, a todo lo demás en este tema, se la sacó de la manga Robert Fripp (líder absoluto de King Crimson) a petición de Eno. Si afinamos el oído respecto a ese sonido de guitarra de Fripp en "Héroes" ya sabremos lo mágico y fino que puede este hombre llegar a ser con el instrumento. Considero que para atisbar cómo es el mundo de Robert Fripp a la guitarra podría bastarnos con un par de cosas: una, oír Héroes (quizá mejor, con verlo en directo, que es donde deslumbró a Jimmy Hendrix en su día) y observar esa suave y mágica ejecución. Y dos, ver a Fripp, también en directo, desplegar su otro lado: el de los sonidos más extraños y relampagueantes. Por ejemplo, entre los minutos 8 y 19 de este directo, en especial a partir del 11:40. Todo lo que se quiera saber sobre Robert Fripp a la guitarra ya se ha escrito, en la forma habitual y académica, y puede consultarse en la red o en libros. Por mi parte, lo más importante y su esencia reside en la sensación que a uno le queda al oirlo y verlo en estos dos ejemplos en directo. Eso, eso que se nota, es lo que él tiene de especial. Escúchese King Crimson con esa sensación, que es extraña e indescriptible, pero sin la cual uno se puede perder en el complejo sonido de la banda.
Otro ejemplo va a ser la batería de Bill Bruford. No ha estado en todos (ni mucho menos) los discos de King Crimson, pero eso da igual. De lo que aquí se trata es de observar lo finos que son, la calidad musical, aparte de la indiscutible calidad instrumental, que atesoran los músicos de King Crimson; no se trata de considerarlos por separado, aunque aquí lo parezca, pero después explicaré esto. Cuando Bruford estaba allí era una pieza clave, por eso me sirve de ejemplo. Ejercicio: escuchemos la maravilla de tema Indiscipline. Por supuesto, es un tema que puede oirse cien veces y seguir enamorando como la primera, encontrando nuevos matices en su ejecución, etc., pero eso pasa en casi todos los temas de King Crimson, no vamos a hacer aquí incapié ahí. Como segunda parte del ejercicio, veamos al enorme baterista Mike Portnoy, ex líder de Dream Theater, ejecutando una versión del tema, treinta y dos años después: muy bueno, cierto es. La cuestión es que, siendo la ejecución de Portnoy intachable, Bruford sigue teniendo mucha más clase con las baquetas, y aportando una esencia única. Y si no se me cree, sólo hay que mirar esta actuación. Ese "algo" que él tiene tocando y Portnoy no (y Portnoy es buenísimo, nadie lo niega) es el aroma de King Crimson.
Por cierto, como último apunte. Este tema del último disco de Steven Wilson, que es una maravilla... ¿no tiene quizá algo que ver con el ya antes enlazado tema de King Crimson (minuto 8)? Sólo hablar de las influencias de King Crimson en el rock nos llevaría demasiado, pero un ejemplito había que poner.
Los ejemplos anteriores tratan de dos músicos de King Crimson. Pero imaginemos ese trasfondo que se adivina en ambos, extendido al resto de músicos del grupo. Imaginemos que todos esos trasfondos se funden de una manera mágica, única y totalmente integrada. Así obtendríamos lo que se dice una gran banda, pero en el caso de King Crimson todo eso está puesto al servicio de una forma de entender la música absolutamente única, extraña, melódica y dura y suave; y todo eso y más a la vez. Músicos que sin perder su identidad y virtuosismo en cada canción logran a la vez construir... ni siquiera sé muy bien el qué.
Podemos empezar con un tema ajeno, Héroes, del gran David Bowie (que conoció a la que fue su mujer en un concierto de King Crimson). Este tema, como todo el disco en el que se insertó, está compuesto al alimón entre Bowie y Brian Eno (el compositor del sonido que más ha acompañado a la humanidad occidental cada día en su trabajo: el sonido de inicio de Windows 95). Pero esa guitarra que persiste en toda la canción, esa maravilla de guitarra que lleva en volandas, suavemente desde atrás, a todo lo demás en este tema, se la sacó de la manga Robert Fripp (líder absoluto de King Crimson) a petición de Eno. Si afinamos el oído respecto a ese sonido de guitarra de Fripp en "Héroes" ya sabremos lo mágico y fino que puede este hombre llegar a ser con el instrumento. Considero que para atisbar cómo es el mundo de Robert Fripp a la guitarra podría bastarnos con un par de cosas: una, oír Héroes (quizá mejor, con verlo en directo, que es donde deslumbró a Jimmy Hendrix en su día) y observar esa suave y mágica ejecución. Y dos, ver a Fripp, también en directo, desplegar su otro lado: el de los sonidos más extraños y relampagueantes. Por ejemplo, entre los minutos 8 y 19 de este directo, en especial a partir del 11:40. Todo lo que se quiera saber sobre Robert Fripp a la guitarra ya se ha escrito, en la forma habitual y académica, y puede consultarse en la red o en libros. Por mi parte, lo más importante y su esencia reside en la sensación que a uno le queda al oirlo y verlo en estos dos ejemplos en directo. Eso, eso que se nota, es lo que él tiene de especial. Escúchese King Crimson con esa sensación, que es extraña e indescriptible, pero sin la cual uno se puede perder en el complejo sonido de la banda.
Otro ejemplo va a ser la batería de Bill Bruford. No ha estado en todos (ni mucho menos) los discos de King Crimson, pero eso da igual. De lo que aquí se trata es de observar lo finos que son, la calidad musical, aparte de la indiscutible calidad instrumental, que atesoran los músicos de King Crimson; no se trata de considerarlos por separado, aunque aquí lo parezca, pero después explicaré esto. Cuando Bruford estaba allí era una pieza clave, por eso me sirve de ejemplo. Ejercicio: escuchemos la maravilla de tema Indiscipline. Por supuesto, es un tema que puede oirse cien veces y seguir enamorando como la primera, encontrando nuevos matices en su ejecución, etc., pero eso pasa en casi todos los temas de King Crimson, no vamos a hacer aquí incapié ahí. Como segunda parte del ejercicio, veamos al enorme baterista Mike Portnoy, ex líder de Dream Theater, ejecutando una versión del tema, treinta y dos años después: muy bueno, cierto es. La cuestión es que, siendo la ejecución de Portnoy intachable, Bruford sigue teniendo mucha más clase con las baquetas, y aportando una esencia única. Y si no se me cree, sólo hay que mirar esta actuación. Ese "algo" que él tiene tocando y Portnoy no (y Portnoy es buenísimo, nadie lo niega) es el aroma de King Crimson.
Por cierto, como último apunte. Este tema del último disco de Steven Wilson, que es una maravilla... ¿no tiene quizá algo que ver con el ya antes enlazado tema de King Crimson (minuto 8)? Sólo hablar de las influencias de King Crimson en el rock nos llevaría demasiado, pero un ejemplito había que poner.
Los ejemplos anteriores tratan de dos músicos de King Crimson. Pero imaginemos ese trasfondo que se adivina en ambos, extendido al resto de músicos del grupo. Imaginemos que todos esos trasfondos se funden de una manera mágica, única y totalmente integrada. Así obtendríamos lo que se dice una gran banda, pero en el caso de King Crimson todo eso está puesto al servicio de una forma de entender la música absolutamente única, extraña, melódica y dura y suave; y todo eso y más a la vez. Músicos que sin perder su identidad y virtuosismo en cada canción logran a la vez construir... ni siquiera sé muy bien el qué.
martes, 12 de noviembre de 2013
Steven Wilson como banda sonora del otoño
Retomo este entorno del bosque desde el que plasmar algunas ideas. Esta vez la pausa ha tenido tintes totalmente prácticos, y cuando uno siente que hace lo que debe no se arrepiente de dejar de lado otras cosas.
El pasado viernes, 8 de noviembre, tuve el inmenso placer de asistir al concierto de Steven Wilson en el Hotel Auditorium de Madrid. Presentaba su último trabajo en solitario (que es quizá lo mejor que ha hecho en su carrera total). El concierto fue bordado y cuidado al detalle, y como tal resultó en todos los sentidos: luces, sonido, ejecución, emotividad, respuesta del público... perfecto en todos los sentidos. Literalmente.
Como suele suceder, ya se ha escrito bastante sobre el concierto, en tono más o menos ajustado; por ejemplo, en esta crítica, o en los comentarios a la misma, que de hecho la mejoran (maravillas de internet), y de los que he tomado prestada la imagen de esta entrada. La foto, por cierto, que de un modo artístico mejor transmite la sensación en que uno se sumergía durante todo el concierto; la misma sensación que uno recibe mirando la imagen es la que se vivía en la escucha en directo. Someramente diré que fueron casi tres horas (veinte minutos de vídeo proyectado previo, incluidos) de concierto, con unos músicos de primerísimo nivel y una coordinadión entre ellos maravillosa.
Ese tipo de conciertos que genera algunos debates:
- ¿Escuchar rock (progresivo, eso sí) sentado en una butaca de un auditorio?
- ¿Un concierto de rock medido al milímetro y con poco espacio a la improvisación musical? O ¿está bien que un concierto de rock sea perfecto, como hemos dicho arriba?
- ¿Es buena música aquella que presenta constantemente elementos de otros autores, en este caso los Padres Fundadores del Progresivo, reutilizados?
Personalmente, puedo entender las críticas desde la gente que ya tiene una idea preconcebida de lo que es y DEBE SER un concierto de rock, lo que DEBE SER un grupo bueno y original, etc. Pero yo me planteo la validez de esas críticas cuando el concierto, en su totalidad audiovisual se ajusta a la perfección a ser disfrutada desde una butaca. Y aquí incluyo el tipo de música y las emociones que transmite. Y lo mismo planteo cuando los temas de este grupo (de este proyecto en solitario) son Música, con mayúscula. No son clichés reutilizados, son Música que emplea elementos ya usados, ya conocidos, pero en una nueva expresión con calidad. Ciertamente, deja esos elementos en su elemento original (no usa, por ejemplo, castañuelas en el rock progresivo, lo que sería transformarlas; sino el melotrón como melotrón), pero no tengo claro que eso sea negativo, cuando está bien hecho.
Un detalle más. En muchos momentos del concierto me sorprendía elevado del suelo, fuera de mí. En una nube soñadora en medio de ese sonido. Algo extraordinario, algo meritorio, algo poco común... que no me acabó de agradar. Música que a uno lo saca de sí... invita a la reflexión.
En fin, no me ha quedado una entrada muy allá... pero sólo quería volver a escribir aquí.
El pasado viernes, 8 de noviembre, tuve el inmenso placer de asistir al concierto de Steven Wilson en el Hotel Auditorium de Madrid. Presentaba su último trabajo en solitario (que es quizá lo mejor que ha hecho en su carrera total). El concierto fue bordado y cuidado al detalle, y como tal resultó en todos los sentidos: luces, sonido, ejecución, emotividad, respuesta del público... perfecto en todos los sentidos. Literalmente.
Como suele suceder, ya se ha escrito bastante sobre el concierto, en tono más o menos ajustado; por ejemplo, en esta crítica, o en los comentarios a la misma, que de hecho la mejoran (maravillas de internet), y de los que he tomado prestada la imagen de esta entrada. La foto, por cierto, que de un modo artístico mejor transmite la sensación en que uno se sumergía durante todo el concierto; la misma sensación que uno recibe mirando la imagen es la que se vivía en la escucha en directo. Someramente diré que fueron casi tres horas (veinte minutos de vídeo proyectado previo, incluidos) de concierto, con unos músicos de primerísimo nivel y una coordinadión entre ellos maravillosa.
Ese tipo de conciertos que genera algunos debates:
- ¿Escuchar rock (progresivo, eso sí) sentado en una butaca de un auditorio?
- ¿Un concierto de rock medido al milímetro y con poco espacio a la improvisación musical? O ¿está bien que un concierto de rock sea perfecto, como hemos dicho arriba?
- ¿Es buena música aquella que presenta constantemente elementos de otros autores, en este caso los Padres Fundadores del Progresivo, reutilizados?
Personalmente, puedo entender las críticas desde la gente que ya tiene una idea preconcebida de lo que es y DEBE SER un concierto de rock, lo que DEBE SER un grupo bueno y original, etc. Pero yo me planteo la validez de esas críticas cuando el concierto, en su totalidad audiovisual se ajusta a la perfección a ser disfrutada desde una butaca. Y aquí incluyo el tipo de música y las emociones que transmite. Y lo mismo planteo cuando los temas de este grupo (de este proyecto en solitario) son Música, con mayúscula. No son clichés reutilizados, son Música que emplea elementos ya usados, ya conocidos, pero en una nueva expresión con calidad. Ciertamente, deja esos elementos en su elemento original (no usa, por ejemplo, castañuelas en el rock progresivo, lo que sería transformarlas; sino el melotrón como melotrón), pero no tengo claro que eso sea negativo, cuando está bien hecho.
Un detalle más. En muchos momentos del concierto me sorprendía elevado del suelo, fuera de mí. En una nube soñadora en medio de ese sonido. Algo extraordinario, algo meritorio, algo poco común... que no me acabó de agradar. Música que a uno lo saca de sí... invita a la reflexión.
En fin, no me ha quedado una entrada muy allá... pero sólo quería volver a escribir aquí.
martes, 2 de abril de 2013
La profunda poesía naif de Penguin Cafe Orchestra
¿Qué es Penguin Cafe Orchestra? Me quedo un poco en blanco, no sé qué decir. Si uno nada un poquito por internet puede ir encontrando algunas respuestas. Como no sé demasiado de la banda (por así llamarla), ni siquiera he escuchado todos sus discos, recurriré a algunos enlaces a modo de documentación. Pero antes, para orientarnos en dos brochazos: Penguin Cafe Orchestra fue un proyecto musical fundado por el fascinante y algo misterioso Simon Jeffes. Él mismo dio la mejor definición que conozco de dicho proyecto:
"Un enorme SÍ a la supervivencia del corazón en momentos en los que éste se encuentra bajo el ataque de las fuerzas de la frialdad, la oscuridad y la represión." - Simon Jeffes.
Por documentar rápido, la cita está sacada de esta preciosa entrada sobre Penguin Cafe Orchestra. La Wikipedia española dice poquito, y la versión en inglés se extiende más. En los dos casos, creo que es un gran acierto relacionar su música con la de Philip Glass, como posible tercer brochazo de orientación. Buenas reseñas de sus discos se pueden encontrar por aquí.
Personalmente, me los descubrió Ramón Trecet en sus Diálogos 3 (Radio 3). Un programa que marcó mucho (ejemplo 1 y ejemplo 2), pero ese es otro tema.
Y me he quedado sin mucho que decir respecto a Penguin Cafe Orchestra. Es que son tal y como Simon Jeffes los definió, no hay mucho más que decir. Me conformaré con los tres brochazos que he dado (ya que ellos eran minimalistas en la música, lo soy yo en su explicación): un grupo de músicos, la definición de Jeffes de más arriba y la conexión con Philip Glass. Quizá ayude desarrolar un poco esto último de Glass: música minimalista. O sea, que los Penguin pueden parecer bonitos y con música naif, algo pegadiza; pero es porque lo más importante no se ve a la primera: sus canciones no son cuadros, son ventanas. Cuando una canción es un cuadro se ve lo que hay pintado-compuesto, cuando una canción es una ventana, lo que hay compuesto sólo sirve para llevarte a ver lo que hay detrás, más allá. Música minimalista.
Sorprende la belleza de las composiciones, su variedad (me he sorprendido descubriendo cuánto de variados son sus temas, tras muchas escuchas) y su calidad. Un buen ejemplo es su Broadcasting From Home. Por cierto, parece que de alguna forma han vuelto con el hijo de Simon.
Feliz escucha.
"Un enorme SÍ a la supervivencia del corazón en momentos en los que éste se encuentra bajo el ataque de las fuerzas de la frialdad, la oscuridad y la represión." - Simon Jeffes.
Por documentar rápido, la cita está sacada de esta preciosa entrada sobre Penguin Cafe Orchestra. La Wikipedia española dice poquito, y la versión en inglés se extiende más. En los dos casos, creo que es un gran acierto relacionar su música con la de Philip Glass, como posible tercer brochazo de orientación. Buenas reseñas de sus discos se pueden encontrar por aquí.
Personalmente, me los descubrió Ramón Trecet en sus Diálogos 3 (Radio 3). Un programa que marcó mucho (ejemplo 1 y ejemplo 2), pero ese es otro tema.
Y me he quedado sin mucho que decir respecto a Penguin Cafe Orchestra. Es que son tal y como Simon Jeffes los definió, no hay mucho más que decir. Me conformaré con los tres brochazos que he dado (ya que ellos eran minimalistas en la música, lo soy yo en su explicación): un grupo de músicos, la definición de Jeffes de más arriba y la conexión con Philip Glass. Quizá ayude desarrolar un poco esto último de Glass: música minimalista. O sea, que los Penguin pueden parecer bonitos y con música naif, algo pegadiza; pero es porque lo más importante no se ve a la primera: sus canciones no son cuadros, son ventanas. Cuando una canción es un cuadro se ve lo que hay pintado-compuesto, cuando una canción es una ventana, lo que hay compuesto sólo sirve para llevarte a ver lo que hay detrás, más allá. Música minimalista.
Sorprende la belleza de las composiciones, su variedad (me he sorprendido descubriendo cuánto de variados son sus temas, tras muchas escuchas) y su calidad. Un buen ejemplo es su Broadcasting From Home. Por cierto, parece que de alguna forma han vuelto con el hijo de Simon.
Feliz escucha.
viernes, 22 de marzo de 2013
Viva la música. Motorpsycho
Otra temporada sin publicar. Otra vez compruebo cómo este ejercicio de escritura se complica un poco, cómo lo tengo presente (a diario, incluso), cómo mil ideas hierven en mi interior y se van hilando, pidiendo ser expresadas, escritas. Estrictamente hablando, no es cuestión de tener tiempo para escribir, sino de tener tiempo de escribir: tiempo suficiente en ese estado especial, fuera de lo común, en el que uno conecta con la parte de su alma en la que habitan las cualidades de expresar lo interior. Es un estado diferente al de leer, al de trabajar, al de conversar; es ese estado en el que me quiero ejercitar y por por cuyo ejercicio abrí este blog.
Hoy se me ocurre algo para sortear, al menos en parte, modestamente, esas temporadas en las que no alcanzo el estado de escribir el tiempo suficiente y el tiempo oportuno para poder publicar. Simple: compartir algo de música. Debería ser fácil para alguien a quién la música le da tanta vida.
Así que vamos a hacerlo. De forma sencilla, sin pretensiones, como salga. Pero, siempre, calidad. Dejemos que la música hable, que muchas veces dice uno más de sí mismo declarándose enamorado de cierto grupo que lo que podría decir en una autobiografía de dos mil páginas.
Qué buenos son Motorpsycho, y qué gran álbum nos regalaron en 2012. El rock progresivo no puede morir, su propia naturaleza lo impide.
Para catarlo, nada más y nada menos que las dos primeras canciones que abren el disco, y la absoluta maravilla que es la tercera.
Cuando uno se acostumbra al aire sesentero (por las voces y por las guitarras acústicas y ocasionales flautas, sobre todo) sin que le suene a "un poco rancio", entonces el disco se despliega en toda su maravilla.
Os dejo, voy a secarme la barbilla.
Hoy se me ocurre algo para sortear, al menos en parte, modestamente, esas temporadas en las que no alcanzo el estado de escribir el tiempo suficiente y el tiempo oportuno para poder publicar. Simple: compartir algo de música. Debería ser fácil para alguien a quién la música le da tanta vida.
Así que vamos a hacerlo. De forma sencilla, sin pretensiones, como salga. Pero, siempre, calidad. Dejemos que la música hable, que muchas veces dice uno más de sí mismo declarándose enamorado de cierto grupo que lo que podría decir en una autobiografía de dos mil páginas.
Qué buenos son Motorpsycho, y qué gran álbum nos regalaron en 2012. El rock progresivo no puede morir, su propia naturaleza lo impide.
Para catarlo, nada más y nada menos que las dos primeras canciones que abren el disco, y la absoluta maravilla que es la tercera.
Cuando uno se acostumbra al aire sesentero (por las voces y por las guitarras acústicas y ocasionales flautas, sobre todo) sin que le suene a "un poco rancio", entonces el disco se despliega en toda su maravilla.
Os dejo, voy a secarme la barbilla.
jueves, 8 de noviembre de 2012
Lluvia, lectura y música
Como tengo esto un poco parado (que no abandonado), hoy haré una entrada improvisada. De ésas de sentarse y escribir según ebulla la mente a su manera, de forma rápida y poco reflexiva.
Hoy es un día de lluvia en Madrid, el otoño está penetrando ahora ya, del todo, en todos los rincones. Eso se nota: comienza el tiempo de recogimiento. Musicalmente, este año elijo una canción como representación de todo esto: Dressed In Black, de Ulver. Introspectiva, como es el otoño. Oscura, como es en concreto este otoño (por la situación social actual); pero de una belleza y calidad incontestables, como es el mundo entero y la vida, a pesar de su oscuridad. Además, es tremendamente original, única, moderna, extraña; y a la vez ningún sonido de la canción es del todo nuevo. Como este otoño: único y a la vez parte de los innumerables otoños en ciclo que el mundo ha visto. Quería hacer una entrada en el blog acerca de Ulver, pues merecen la pena. De momento, me conformo con haber hecho algún comentario de este tema suyo.
Por otra parte, el otoño (y días como hoy) llaman especialmente a la lectura. Siempre se habla de cuánto se lee en verano, pero hay que matizarlo: en verano hay más tiempo libre, generalmente. Hay vacaciones (de trabajo o de estudios), y las actividades "extraescolares" como cursos, talleres, etc suelen hacer un parón en esos meses. Hay más tiempo, se lee más. Pero el clima llama a una lectura más suave, más superficial y quizá más de entretenimiento. En otoño e invierno, las lecturas son de otra índole, y nuestro estado en general y nuestro estado cuando leemos en particular es bien diferente: podemos decir que en verano nadamos y surfeamos en los libros, pero cuando de verdad nos sumergimos en la lectura, cuando buceamos en los libros y en los conocimientos que éstos guardan es en estos días fríos. Mi otoño está marcado por una maravilla editada por mi gran descubrimiento editorial (Atalanta, merece la pena recorrerse su web, plagada de exquisiteces). La obra en cuestión es Origen y Presente, de Jean Gebser. Llevo algo más de cien páginas, de las casi mil que tiene; así que no puedo sacar una conclusión completa, pero estoy disfrutando muchísimo de la lucidez, claridad, profundidad, erudición, complejidad y atrevimiento del autor. Maravilloso.
Una constatación final, al margen: Madrid se está poblando de librerías-cafeterías. Había ya algunas, pero ahora se estan poniendo de moda. Lugares agradables, generalmente tranquilos y auténticas pruebas de tentación para los bibliófilos. Ya era hora.
Días grises. Feliz otoño para todos, feliz grisedad.
Hoy es un día de lluvia en Madrid, el otoño está penetrando ahora ya, del todo, en todos los rincones. Eso se nota: comienza el tiempo de recogimiento. Musicalmente, este año elijo una canción como representación de todo esto: Dressed In Black, de Ulver. Introspectiva, como es el otoño. Oscura, como es en concreto este otoño (por la situación social actual); pero de una belleza y calidad incontestables, como es el mundo entero y la vida, a pesar de su oscuridad. Además, es tremendamente original, única, moderna, extraña; y a la vez ningún sonido de la canción es del todo nuevo. Como este otoño: único y a la vez parte de los innumerables otoños en ciclo que el mundo ha visto. Quería hacer una entrada en el blog acerca de Ulver, pues merecen la pena. De momento, me conformo con haber hecho algún comentario de este tema suyo.
Por otra parte, el otoño (y días como hoy) llaman especialmente a la lectura. Siempre se habla de cuánto se lee en verano, pero hay que matizarlo: en verano hay más tiempo libre, generalmente. Hay vacaciones (de trabajo o de estudios), y las actividades "extraescolares" como cursos, talleres, etc suelen hacer un parón en esos meses. Hay más tiempo, se lee más. Pero el clima llama a una lectura más suave, más superficial y quizá más de entretenimiento. En otoño e invierno, las lecturas son de otra índole, y nuestro estado en general y nuestro estado cuando leemos en particular es bien diferente: podemos decir que en verano nadamos y surfeamos en los libros, pero cuando de verdad nos sumergimos en la lectura, cuando buceamos en los libros y en los conocimientos que éstos guardan es en estos días fríos. Mi otoño está marcado por una maravilla editada por mi gran descubrimiento editorial (Atalanta, merece la pena recorrerse su web, plagada de exquisiteces). La obra en cuestión es Origen y Presente, de Jean Gebser. Llevo algo más de cien páginas, de las casi mil que tiene; así que no puedo sacar una conclusión completa, pero estoy disfrutando muchísimo de la lucidez, claridad, profundidad, erudición, complejidad y atrevimiento del autor. Maravilloso.
Una constatación final, al margen: Madrid se está poblando de librerías-cafeterías. Había ya algunas, pero ahora se estan poniendo de moda. Lugares agradables, generalmente tranquilos y auténticas pruebas de tentación para los bibliófilos. Ya era hora.
Días grises. Feliz otoño para todos, feliz grisedad.
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