jueves, 27 de septiembre de 2012

25-S

Cuando uno levanta la vista de su plato de lentejas se encuentra con una visión más amplia. Cuando uno levanta más la vista, la visión crece más.

Podemos imaginar cómo podía ser vivir en la Edad Media, en una dictadura militar (los que no vivimos en una), en la época del Imperio Romano, en el antiguo Egipto... o más allá. Al hacerlo es fácil percibir los avances que han acaecido en la humanidad. Al menos en las sociedades tecnológicamente avanzadas, la suerte que tenemos.

Cuanto más levantamos la vista, más calmo es todo: el silencio del Universo, el pequeño planeta que nos acoge flotando en él. La gran calma que no entiende de nuestras pequeñeces, del pelo que hay en mi sopa. La paz interior (que es la única paz que existe, por cierto) ante una puesta de Sol, en la visión de una montaña, en la lectura de ciertos poemas. En la contemplación en sí misma, en la vida por el hecho de existir, incluso en la existencia misma por el hecho de existir. Cuando estamos conectados con nosotros mismos, de forma sincera y profunda, todo esto se revela. Es un hecho que la experiencia muestra.

Nuestro ego no es simplemente ese presuntuoso personajillo siempre hambriento y exigente. Si así fuera, la mayoría de las personas lo tendrían controlado, como de hecho se tiende a pensar. Nuestro ego es mucho más complejo, tiene muchas caras. Algunas de ellas, por ejemplo, nos muestran que es imprescindible en nuestra vida, y nos hacen estarle agradecidos porque exista. Otras nos enseñan que también es, en parte, un personaje perfectamente bondadoso, pero que no suele levantar la vista de su plato de lentejas, aún cuando él piense que sí.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Arquitectura, música, arte, belleza.

Hay días en que apenas puede uno levantar la mirada de los propios pies, días en que los obstáculos cotidianos parecen insalvables, días en que la realidad social, las penas e injusticias del mundo en que vivimos gritan dentro de uno más fuerte que cualquier otra cosa. Hay días en que la perspectiva del resto de nuestras vidas es sombría, y apenas hay rastro de que un rayo de luz vaya a atravesar el cielo encapotado que cubre el ánimo.

Pero incluso en esos días, son innumerables los caminos que pueden abrirse en cualquier instante, en cualquier grieta entre dos nubes negras.

"Cada instante es una puerta por la que el Mesías puede entrar". Walter Benjamin

He aquí uno de esos caminos, o más bien una insinuación de uno de esos caminos; algo que insufla un aroma que le hace a uno confortarse en esos días sombríos y, si bien no dispersa las nubes, al menos asegura que pueden ser fácilmente disueltas. Y que lo serán. Insinuemos un camino, pues:

"La arquitectura es música congelada." Friedrich von Schelling

"Al oír la música de Bach tengo la sensación de que la eterna armonía habla consigo misma, como debe haber sucedido en el seno de Dios poco antes de la creación del mundo." Johann Wolfgang Goethe


La belleza y profundidad del Arte se le pueden a uno revelar en cualquier momento, todos hemos tenido visos de ello. Cine, pintura, escultura, poesía, teatro... Y cuando uno llega a ese estado, ¿qué son ante esa grandiosidad las pequeñas tribulaciones puntuales, diarias; qué puede una pena efímera ante la eterna majestuosidad de los colosales templos egipcios?

Y éste es sólo un camino, de los innumerables que hay...


martes, 18 de septiembre de 2012

Terrenal. Espiritual.

En nuestra época (presuntuosa donde las haya) suele atribuirse a la ignorancia de los pueblos antiguos su fijación por el culto, por los ritos y en general por lo que está más allá de lo material y obvio. Así, suele achacarse al miedo a lo desconocido la importancia dada a los ritos de defunción. Cuanto más leo, más en desacuerdo estoy. No puedo evitar creer detectar algo más en ello.

Hoy, por ejemplo. Cita de 'La Arquitectura', de G. W. F. Hegel:

" Del mismo modo que la agricultura ha transformado la vida nómada en un género de vida estable y sedentario, las tumbas, los enterramientos y el culto de los muertos han contribuido a reunir a los hombres y han llegado a ser, incluso para los que sin propiedades, no llevaban una vida estable, lugares de reunión, lugares sagrados que eran defendidos y que por nada del mundo se dejarían arrebatar. Así, por ejemplo, según Herodoto (II, c. 126- 127), Darío, viendo a los escitas evitar el combate, envió un mensajero ante su rey para que le dijera que, si se creía suficientemente fuerte para resistir, no tenía más que aprestarse para el combate; si no, le bastaba con reconocer a Darío como soberano; a lo cual habría respondido Idantirso que los escitas, al no poseer ciudades ni campos, nada tenían que defender y que Darío, en consecuencia, nada tenía que destruir; pero que si Darío estaba totalmente decidido a presentar batalla, bastaba con que la emprendiera contra las tumbas de sus padres: entonces vería si los escitas sabían batirse para defenderlas. "

viernes, 14 de septiembre de 2012

¡Gracias!

Una preciosa primavera me ha regalado algunas cosas. Aquí, dos de ellas: una felicitación y un poema dedicado.

Con qué poco se le llena a uno el alma a rebosar.

Mil gracias.

Abiertas las puertas del Templo.


Hoy es mi cumpleaños. Ayer, sin tener este dato en mente, decidí ser más prolífico en el blog. Decidí que para ello es mejor trenzarlo más con mi vida diaria, y no sólo con reflexiones esporádicas; algo que me cuesta. Por tanto, tengo intención de escribir mucho más, casi a diario o por lo menos semanalmente, tiñendo más el blog de mis vivencias del día a día.

Para mí esto significa abrir, tímidamente, las puertas del Templo. Digamos, del templo exterior.

Seguramente escriba por las mañanas desde el trabajo, en uno de esos momentos de tranquilidad que a veces se hallan. Esto significa que las entradas estarán algo tintadas por lo que leo en el metro (de Madrid) viniendo a trabajar, ya que lo que allí leo resuena en mí durante toda la mañana y su eco sólo se apaga cuando el sonido de mi estómado gruñendo por comida lo tapa a mediodía.

Así que lo de hoy está escrito sobre un fondo del color del libro 'La Arquitectura' de Hegel (parece que el libro forma parte de otra obra más amplia, seguramente sobre el Arte, pero la publicación de la editorial Kairós no dice nada al respecto). Allí describe Hegel la arquitectura de las grandes construcciones egipcias. Y un ignorante como yo en tales cuestiones no puede por menos que asombrarse ante las descomunales estructuras que describe, citando frecuentemente a Herodoto. Templos inmensos, de tres mil estancias, de proporciones difíciles de asimilar si no se ven... y yo no las he visto.

Uno se imagina paseando por allí en silencio, por ejemplo en un atardecer, y todo lo que se me viene es una sensación de humildad, de veneración ante figuras gigantes, ante dioses viejos y terribles. Algo repetido hasta la saciedad en la literatura (se me ocurren ahora mismo nombres como Lovecraft o el Barón de Maupassant), pero muy intenso cuando se redescubre en las propias carnes. A uno le da por ensoñar e imaginar y preguntarse, ¿qué veían esos viejos sacerdotes egipcios, qué veían esos antiguos faraones-dios? ¿Qué terribles e inmensas visiones poblaban sus sueños, tales que les llevaban a levantar esas monstruosidades?

Qué humilde se sentiría uno paseando entre esos grandes templos... Normal que, en su núcleo, donde sólo entraba el Gran Sacerdote, se escondieran los Misterios; tendría que ser muy osado aquél que, tras pasar entre esas piedras gigantes y llegar al límite del núcleo, aún se atreviese a ir más allá... Para él no estaban abiertas las puertas del Templo.


Como banda sonora para ese silencioso paseo mientras cae la noche se me viene a la mente algo oscuro, misterioso, fascinante y, sobre todo, difícil de definir y profundo. Por ejemplo, alguna pieza de Eleh (con cascos o en silencio, y bien alto, por favor):



lunes, 20 de agosto de 2012

La joya de la diversidad

Del libro Antimanual de Filosofía, de Michel Onfray, se extraen auténticas joyas en forma de citas de otros filósofos de la historia. Todo evento es potencial fuente de provecho, más allá de su apariencia inmediata. Forzando un poco la anterior afirmación, pues un libro no es un evento único, el libro de Onfray citado, que es en sí bastante mediocre, a mi parecer, es fuente de muy interesantes reflexiones.

No pretendo escribir una crítica sobre el libro, sino introducir mi propuesta de ir incluyendo algunas de las citas de ahí aparecen, y que irán goteando por aquí de cuando en cuando.

Empezamos con una de Montaigne.

"Que nada bárbaro o salvaje hay en aquella nación, según lo que me han contado, sino que cada cual considera bárbaro lo que no pertenece a sus costumbres. Ciertamente parece que no tenemos más punto de vista sobre la verdad y la razón que el modelo y la idea de las opiniones y usos del país en el que estamos. Allí está siempre la religión perfecta, el gobierno perfecto, la práctica perfecta y acabada de todo. Tan salvajes son como los frutos a los que llamamos salvajes por haberlos producido la naturaleza por sí misma y en su normal evolución: cuanto en verdad, mejor haríamos en llamar salvajes a los que hemos alterado con nuestras artes, desviándolos del orden común.

Tres de ellos, ignorantes de lo que costará algún día a su tranquilidad y ventura, el conocer las corrupciones de acá, y de que de este trato les vendrá la ruina, la cual supongo se habrá iniciado ya, bien míseros por haberse dejado engañar por el deseo de la novedad y haber abandonado la dulzura de su cielo para venir a ver el nuestro, fueron a Ruán, en la época en que nuestro difunto rey Carlos IX allí estaba. El rey hablóles largo tiempo; y se les mostró nuestra manera de ser, nuestra pompa, la forma de una hermosa ciudad. Tras esto, alguien pidió su opinión, queriendo saber qué les había parecido más admirable; respondieron tres cosas, de las cuales he olvidado la tercera, lo que lamento profundamente; mas aún conservo dos en la memoria. Dijeron que, en primer lugar, hallaban muy extraño que tantos hombres grandes y fuertes, barbados y armados, como rodeaban al rey (parece ser que hablaban de su guardia suiza) se sometieran y obedecieran a un niño, en lugar de elegir mejor a alguno de ellos para mandar; en segundo (tienen una manera de hablar tal que llaman a los hombres mitad unos de otros), que habían observado que había entre nosotros, hombres ricos y colmados de toda suerte de comodidades mientras sus mitades mendigaban a sus puertas, descarnados de hambre y pobreza; y que hallaban extraño que esas mitades menesterosas pudieran sufrir tal injusticia sin acogotar a los otros y sin pegar fuego a sus casas.

Hablé largo tiempo con uno de ellos; mas tenía un intérprete que me seguía tan mal y era tan necio e inepto para entender mis ideas que no pude disfrutar con él. Cuando le pregunté qué ventaja obtenía con la superioridad de la que gozaba sobre los suyos (pues era un capitán y nuestros marineros llamábanle rey), díjome que era el primero en marchar a la guerra; a la pregunta de cuántos hombres lo seguían, mostróme una extensión de tierra, para significar que eran tantos como podían caber en tal espacio, pudiendo ser unos cuatro mil o cinco mil hombres; a la de si fuera de la guerra expiraba toda su autoridad, contestó que le quedaba el hecho de que cuando visitaba los pueblos que de él dependían, abríanle senderos a través de la vegetación de sus bosques por donde pudiera pasar cómodamente. No está mal todo esto: mas ¡qué decís! ¡No llevan calzas!"

Michel de Montaigne (1533- 1592).


¿Será esto a lo que llaman tolerancia, y se oye a todas horas y no se ve por ninguna parte?


Humildad y sentido común, para entender y respetar la diversidad. Nada menos.

martes, 17 de julio de 2012

Siéntete libre de comprender

Siéntete libre de comprenderlo todo.

Barreras, límites infranqueables; son mezquindad, y por tanto son velos. Igual de opacos e igual de frágiles.

Porque mi pecho es grande, y cuando inspiro se hincha y sonrío y el Universo cabe dentro de él, dentro de mi pecho.

Y a veces siento frío y soledad y oscuridad. Pero es porque a veces me olvido de que estoy en mi pecho, dentro de él, porque cuando lo veo todo a oscuras es porque quepo dentro de mi pecho y estoy allí. Si alzo la mirada, entonces veo que es el Universo el que está dentro de mi pecho; y es inmenso y dentro tiene al Sol: mi propio corazón y nada más que él.

Así es mi pecho, así es el Universo. El Universo cabe en mi pecho, y lo puedo comprender.

¿Ego? No, porque cuando estoy frente a ti, cuando te miro y cuando te escucho, entonces yo no estoy. Y el Universo es entonces tu pecho. Y lo veo, y sonrío cuando inspiras, y yo quepo y vivo dentro de tu pecho.

Y podemos correr juntos, atravesando la distancia insondable de ese gran espacio, con la salvaje alegría del vigor y de la voluntad. Y nos podemos calentar en tu corazón Sol cuando tengamos frío. La pena es que a veces no lo encontramos. La pena es que a veces no lo sabemos.

¿Por qué? Porque no puedes meter a un pájaro en una jaula y pretender que siga siendo un pájaro de verdad. No busques una jaula. Y si de tu pecho has hecho tu jaula y de tus costillas sus barrotes, entonces recuerda que tu pecho es inmenso, y cuando inspiras contiene al Universo entero.

Tú eres así. Y yo. Y cada Ser Humano.