Otra temporada sin publicar. Otra vez compruebo cómo este ejercicio de escritura se complica un poco, cómo lo tengo presente (a diario, incluso), cómo mil ideas hierven en mi interior y se van hilando, pidiendo ser expresadas, escritas. Estrictamente hablando, no es cuestión de tener tiempo para escribir, sino de tener tiempo de escribir: tiempo suficiente en ese estado especial, fuera de lo común, en el que uno conecta con la parte de su alma en la que habitan las cualidades de expresar lo interior. Es un estado diferente al de leer, al de trabajar, al de conversar; es ese estado en el que me quiero ejercitar y por por cuyo ejercicio abrí este blog.
Hoy se me ocurre algo para sortear, al menos en parte, modestamente, esas temporadas en las que no alcanzo el estado de escribir el tiempo suficiente y el tiempo oportuno para poder publicar. Simple: compartir algo de música. Debería ser fácil para alguien a quién la música le da tanta vida.
Así que vamos a hacerlo. De forma sencilla, sin pretensiones, como salga. Pero, siempre, calidad. Dejemos que la música hable, que muchas veces dice uno más de sí mismo declarándose enamorado de cierto grupo que lo que podría decir en una autobiografía de dos mil páginas.
Qué buenos son Motorpsycho, y qué gran álbum nos regalaron en 2012. El rock progresivo no puede morir, su propia naturaleza lo impide.
Para catarlo, nada más y nada menos que las dos primeras canciones que abren el disco, y la absoluta maravilla que es la tercera.
Cuando uno se acostumbra al aire sesentero (por las voces y por las guitarras acústicas y ocasionales flautas, sobre todo) sin que le suene a "un poco rancio", entonces el disco se despliega en toda su maravilla.
Os dejo, voy a secarme la barbilla.
viernes, 22 de marzo de 2013
jueves, 21 de febrero de 2013
Cama, instrucciones de uso en invierno
1.- Ver llover en la calle, de noche, fuera. Ser consciente del frío que hace en el exterior.
2.- Ponerse el pijama y meterse en la cama. Arroparse bien. Apagar la luz. Cerrar los ojos.
3.- Con la llegada de la somnolencia, imaginar que la cama es una barca mecida en alta mar. Imaginar que las mantas te protegen de cualquier salpicadura de agua, de la lluvia, del viento, de cualquier posible tempestad.
4.- Saber que el mar en el que eres mecido es insondablemente profundo, oscuro y tranquilo.
5.- Saber que en ese mar no hay peligros, no hay amenazas. Además, una barca como esa no puede volcar, es imposible. Esto es así, ese mar y esa barca, porque son creaciones tuyas.
6.- Oir el sonido rítmico de las olas.
7.- Sonreir, dormir, soñar.
2.- Ponerse el pijama y meterse en la cama. Arroparse bien. Apagar la luz. Cerrar los ojos.
3.- Con la llegada de la somnolencia, imaginar que la cama es una barca mecida en alta mar. Imaginar que las mantas te protegen de cualquier salpicadura de agua, de la lluvia, del viento, de cualquier posible tempestad.
4.- Saber que el mar en el que eres mecido es insondablemente profundo, oscuro y tranquilo.
5.- Saber que en ese mar no hay peligros, no hay amenazas. Además, una barca como esa no puede volcar, es imposible. Esto es así, ese mar y esa barca, porque son creaciones tuyas.
6.- Oir el sonido rítmico de las olas.
7.- Sonreir, dormir, soñar.
miércoles, 13 de febrero de 2013
Redes como mares
Algunas cosas no por repetidas son más visibles. Muchas veces leemos, oímos algo y la semilla del mensaje cae en tierra yerma. Nuestra alma no está receptiva a esa semilla y ésta no germina. Nuestro intelecto entiende el mensaje, pero apenas se da cuenta de que la semilla no ha agarrado, y el mensaje es hueco, vacío de espíritu y de vida.
Es obvio que una persona, en su vivir diario, afecta sobre todo lo que le rodea. De ese hecho obvio, la parte más obvia es que uno afecta a todas las personas con las que se encuentra en el día. No podemos medirlo con precisión, y en nuestra imagen del mundo eso es casi sinónimo de que no ocurre, o más precisamente, sinónimo de que puede que ocurra, pero no afecta. No interviene en la ecuación, luego es irrelevante: suma cero. El problema es que sí interviene en la ecuación, pero no hay forma de encuadrarlo en ella.
Afectamos a toda la gente con la que nos cruzamos todos los días de nuestra vida. Nos demos cuenta o no. Se den o no cuenta esas personas. Simplemente ocurre. Una muestra de que desechamos esto por no encajar en la ecuación, por no saber cómo exactamente afectamos, por ignorar qué hubiese ocurrido sin estar nosotros en ese instante; es lo solos e insignificantes que muchas veces nos sentimos.
Pero, mira por dónde, a veces la muerte viene a soplarnos lejanamente, como con una brisa suave, y nos trae el aroma que nos hace falta para darnos cuenta de esta realidad, tantas veces repetida, tantas semillas en tierra yerma.
Muere alguien cercano, quizá da lo mismo cuánto de cercano. Rememoramos a esa persona, evocando los momentos que hemos compartido con ella. Ahí se nos hacen ovbios instantes de influencia de esa persona sobre nosotros (y de nosotros hacia ella, aunque solemos ser conscientes más de lo otro, en esos momentos). Cada ser humano que conocía a quien se ha ido rememora momentos así. A veces parece que hay hilos invisibles que enlazan al ausente con los lugares y los objetos con los que convivía. ¿No es eso influencia?
Somos como inmensas redes, como mares, unos en otros. Todo el tiempo. Ninguna vida es en vano.
---
(Para una Campesina y su abuela).
Es obvio que una persona, en su vivir diario, afecta sobre todo lo que le rodea. De ese hecho obvio, la parte más obvia es que uno afecta a todas las personas con las que se encuentra en el día. No podemos medirlo con precisión, y en nuestra imagen del mundo eso es casi sinónimo de que no ocurre, o más precisamente, sinónimo de que puede que ocurra, pero no afecta. No interviene en la ecuación, luego es irrelevante: suma cero. El problema es que sí interviene en la ecuación, pero no hay forma de encuadrarlo en ella.
Afectamos a toda la gente con la que nos cruzamos todos los días de nuestra vida. Nos demos cuenta o no. Se den o no cuenta esas personas. Simplemente ocurre. Una muestra de que desechamos esto por no encajar en la ecuación, por no saber cómo exactamente afectamos, por ignorar qué hubiese ocurrido sin estar nosotros en ese instante; es lo solos e insignificantes que muchas veces nos sentimos.
Pero, mira por dónde, a veces la muerte viene a soplarnos lejanamente, como con una brisa suave, y nos trae el aroma que nos hace falta para darnos cuenta de esta realidad, tantas veces repetida, tantas semillas en tierra yerma.
Muere alguien cercano, quizá da lo mismo cuánto de cercano. Rememoramos a esa persona, evocando los momentos que hemos compartido con ella. Ahí se nos hacen ovbios instantes de influencia de esa persona sobre nosotros (y de nosotros hacia ella, aunque solemos ser conscientes más de lo otro, en esos momentos). Cada ser humano que conocía a quien se ha ido rememora momentos así. A veces parece que hay hilos invisibles que enlazan al ausente con los lugares y los objetos con los que convivía. ¿No es eso influencia?
Somos como inmensas redes, como mares, unos en otros. Todo el tiempo. Ninguna vida es en vano.
---
(Para una Campesina y su abuela).
jueves, 31 de enero de 2013
Todo nace de nuevo
Todo nace de nuevo,
todo permanece.
Todo nace de nuevo,
todo cambia.
Todo nace de nuevo,
todo nace de nuevo.
martes, 22 de enero de 2013
El agua y la nieve
Esta mañana, viniendo a trabajar, me he dado el paseo diario desde el metro hasta el lugar de trabajo. Unos diez o quince minutos. Al salir del metro el aire era muy frío, y llovía y todo estaba teñido de gris. Me encantan los lentos paseos en esas condiciones, sabiendo que la caminata será corta y que llegaré en breve a un lugar cálido donde calentarme. Me encanta percibir la Naturaleza arrebujada, íntima, más hacia adentro que nunca.
Y en ese tiempo de paseo, mirando la lluvia y los árboles, poco a poco aquélla se ha ido transformando en nieve. Cualquier que paseando vea cómo la lluvia se convierte en nieve sonríe. Estoy seguro.
Y en ese tiempo de paseo, mirando la lluvia y los árboles, poco a poco aquélla se ha ido transformando en nieve. Cualquier que paseando vea cómo la lluvia se convierte en nieve sonríe. Estoy seguro.
jueves, 17 de enero de 2013
Ni idea
Escribo poco últimamente. Muchos quehaceres, tengo excusa. Pero mi intención era ser constante, en un ejercicio de voluntad. Recupero la intención, y quiero que dure.
No tenemos ni idea del mundo en el que vivimos, y lo peor es que todos decimos que sí a esta afirmación, pero en el fondo creemos conocer el mundo. Algo así como que estamos seguros de conocer la realidad que subyace y sólo asumimos que nos faltan datos sobre hechos concretos. Pero eso no es así.
Ni idea, no tenemos ni idea.
Un ejemplo. Pretendemos saber cómo funcionan las cosas, en términos mecanicistas simples y relaciones de causa-efecto. Ahondamos en ello, damos con una realidad que necesita de la física cuántica para ser explicada, y que mediante eso demuestra ser incomprensible en términos lógicos, racionales, medibles, cuantificables, mecanicistas, etc. Pero eso no altera nuestra versión simple mecanicista y de causa y efecto, subyaciendo en nuestra consciencia como una creencia firme de base. Pero sus pies son de barro, y eso está más que demostrado.
Pero además de demostraciones profundas y quizá no muy accesibles para todos hay más indicios claros. Por ejemplo: todos los grandes hombres de la historia afirman "cosas extrañas". Pero no hacemos ni caso.
Hay tantos ejemplos que le llevan a uno a esta reflexión... Yo, estos días, me estoy leyendo uno.
No tenemos ni idea del mundo en el que vivimos, y lo peor es que todos decimos que sí a esta afirmación, pero en el fondo creemos conocer el mundo. Algo así como que estamos seguros de conocer la realidad que subyace y sólo asumimos que nos faltan datos sobre hechos concretos. Pero eso no es así.
Ni idea, no tenemos ni idea.
Un ejemplo. Pretendemos saber cómo funcionan las cosas, en términos mecanicistas simples y relaciones de causa-efecto. Ahondamos en ello, damos con una realidad que necesita de la física cuántica para ser explicada, y que mediante eso demuestra ser incomprensible en términos lógicos, racionales, medibles, cuantificables, mecanicistas, etc. Pero eso no altera nuestra versión simple mecanicista y de causa y efecto, subyaciendo en nuestra consciencia como una creencia firme de base. Pero sus pies son de barro, y eso está más que demostrado.
Pero además de demostraciones profundas y quizá no muy accesibles para todos hay más indicios claros. Por ejemplo: todos los grandes hombres de la historia afirman "cosas extrañas". Pero no hacemos ni caso.
Hay tantos ejemplos que le llevan a uno a esta reflexión... Yo, estos días, me estoy leyendo uno.
lunes, 26 de noviembre de 2012
Atención presente
¿Qué es la atención?
Casi diría que todo lo que tenemos, todo lo que experimentamos... Quizá no todo, pero casi.
"Todas las cosas, los pensamientos, los fenómenos, que encontramos -lo que pasa en nuestra consciencia, de lo que nos damos cuenta- son atención que tiene la forma de aquello con lo que nos encontramos."
Georg Kühlewind
Profundizar en esto, meditarlo, es toda una experiencia. Una experiencia interior y reveladora. Puede cambiar muchas cosas en uno. Para empezar, conduce directamente al presente. Estar presente, ser una presencia. El presente no es un instante de tiempo, eso es una falacia intelectual. La experiencia dice lo contrario: el presente, vivenciado, revela lo que es: el absoluto, la eternidad, la realidad. Y refleja otra cosa: casi nunca estamos presentes.
Todo lo que está en nuestra consciencia es atención, si la atención se tiene por objeto a sí misma (si prestamos atención a la propia atención) obtendremos el presente.
¿Qué es atención? Podemos captar un soplo de su esencia con la bendita etimología.
¿Una experiencia mística, el presente? Absurdo prejuicio: es la experiencia más maravillosamente mundana que existe.
Casi diría que todo lo que tenemos, todo lo que experimentamos... Quizá no todo, pero casi.
"Todas las cosas, los pensamientos, los fenómenos, que encontramos -lo que pasa en nuestra consciencia, de lo que nos damos cuenta- son atención que tiene la forma de aquello con lo que nos encontramos."
Georg Kühlewind
Profundizar en esto, meditarlo, es toda una experiencia. Una experiencia interior y reveladora. Puede cambiar muchas cosas en uno. Para empezar, conduce directamente al presente. Estar presente, ser una presencia. El presente no es un instante de tiempo, eso es una falacia intelectual. La experiencia dice lo contrario: el presente, vivenciado, revela lo que es: el absoluto, la eternidad, la realidad. Y refleja otra cosa: casi nunca estamos presentes.
Todo lo que está en nuestra consciencia es atención, si la atención se tiene por objeto a sí misma (si prestamos atención a la propia atención) obtendremos el presente.
¿Qué es atención? Podemos captar un soplo de su esencia con la bendita etimología.
¿Una experiencia mística, el presente? Absurdo prejuicio: es la experiencia más maravillosamente mundana que existe.
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